Mientras sectores como la agricultura y la pesca pierden protagonismo en la riqueza nacional, y otros como la industria y la construcción decrecen o se estancan, el sector TIC sigue evolucionando y es la “actividad más relevante para el futuro”, según el Ministerio de Industria.

Pero lo cierto es que, para avanzar en el sector TIC, España necesita numerosas iniciativas y profundos cambios, pero como esta crisis va para largo tenemos tiempo…

En primer lugar, España necesita fomentar la vocación temprana en emprendimiento y más comprensión y apoyo por parte de la sociedad hacia los emprendedores; todo ello porque el sector TIC en general, dadas sus bajas barreras de entrada, es el ideal para emprendedores con talento y poca capacidad de inversión.

Desde la escuela y familia promovemos inconscientemente que los jóvenes se formen para ocupar una plaza en una gran compañía o para ocupar una plaza de por vida en la administración de manera que no desarrollan las habilidades ni el espíritu necesarios para ser emprendedores. Por otro lado, la sociedad es cruel con los que llegan arriba, especialmente con emprendedores y empresarios, en parte quizás porque estos no han sido en muchos casos un buen ejemplo de reparto justo de los beneficios ni un modelo de conducta, pero también porque en España practicamos una variante malvada de la envidia: la “meritofobia”, odio a los que triunfan.

En segundo lugar, la administración debería favorecer polos de empresas TICs. Se dan muy pocos casos en los que las buenas iniciativas nacen aisladas, en general aparecen en un contexto de universidad, capital, talento… el ejemplo más significativo es Silicon Valley, pero hay otros polos similares en otros países. Pues bien, la administración debería favorecer para que en algunos lugares, como Arroba 22 en Barcelona, por ejemplo, se instalen las startups mediante algunas ayudas para catalizar la decisión; y no hablo aquí de subvenciones, las cuales me parecen perversas -el que quiera hacerse rico, que se la juegue-, sino de algunas deducciones, ventajas operativas… Eso sí, no podemos tener 16 o 52 polos de startups: uno o dos y que la gente se desplace -la movilidad geográfica, otro de los frenos para el desarrollo emprendedor en España-.

Finalmente,  las grandes empresas españolas pueden actuar como catalizadores, ofreciendo mayor comprensión y confianza hacia los proyectos de pymes españolas; hay multitud de empresas pequeñas con gran talento y buenos productos compitiendo con empresas multinacionales que necesitan conseguir esa masa crítica en España para poder salir fuera y competir de verdad.