Rodrigo Jiménez del Val, nuestro Responsable de Seguridad de la Información ha relatado la primera parte de una historia sobre una misteriosa red de Wifi libre.

                                                      

Bruselas, 26 de junio de 2015

Eran las 7 de la mañana. El despertador comenzó a molestar a Miguel Campoviejo. El sonido y la vibración

 insistían, pero Miguel no quería escucharlo. Otro sueño roto. Sobrecogido por la

expectación de una trama sin final, apagó

Cansado de escuchar las campanas de la iglesia se levantó para empezar lo que el predijo que sería uno de los días más importantes de su vida. el despertador esperando descubrir cómo acababa su aventura. Tras varios intentos, no lo consiguió.

Estaba en Bruselas para asistir a una convención secreta de ciber psicólogos, ciber genetistas, doctores digitales, psicólogos forenses y genetistas forenses. Su secretaria le había dicho que su hotel estaba cerca del lugar de la reunión, era en la rue Gheude 52, a 17 minutos andando según Google Maps. Mientras caminaba hacia su destino creía haberse equivocado. Después de pasar por una gran estación de tren y una ancha avenida donde se veía un gran dibujo de Tintín sobre los edificios, entró en un barrio donde todos los bajos de las casas antiguas eran tiendas de venta de ropa al mayor y detalle. Llegó a una esquina enfrente de la cual había una manzana sin construir, con árboles y arbustos que habían crecido con el paso del tiempo. En la misma esquina había una tienda de disfraces regentada por dos hermanas etíopes. Era el 52. Dudando,  entró y la hermana mayor le señaló la puerta negra.

Anduvo hacia ella, abrió la puerta, entró y temerosamente atravesó un pasillo curvado en forma de “ese” con paredes de moqueta roja. Tras la segunda curva había un hombre de gran embergadura con pinta de ruso quien, amablemente, le abrió otra puerta negra. Entró. No había nadie.

Miguel era el CEO y representante de Never Mind the CyberGenetics Corp., empresa que había desarrollado un proyecto secreto cuyo objetivo era la creación de un Big Data del ADN de la población humana en base a la recogida de pelos en las alcantarillas de las principales ciudades del mundo. El nombre en clave del proyecto eraDNA4All.

La reunión había sido convocada por Ban Ki-Mood, Secretario General de la ONU. También estaba invitado Klaus Schwad, fundador y Presidente Ejecutivo del World Economic Forum. El propósito era hacer el kick-off (arranque) del proyecto WeKnoW2U, cuyo objetivo era dotar a los estados de la capacidad de identificación de comportamientos anómalos en las personas que conforman la sociedad. Se lograba mediante el filtrado, agregación y correlación de identidades digitales con perfiles genéticos y hábitos de conducta en redes sociales usando algoritmos de inteligencia artificial implementados sobre computadoras cuánticas.

A la reunión también estaban invitados los representantes de las agencias de inteligencia de China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, así como los de las empresas Apple, Facebook, Google, WhatsApp y LinkedIn.

Miguel arrancó su iPad y le apareció un mensaje que le informaba de haber agotado los datos que le daba su operador de telefonía. Casualmente encontró una red wifi abierta llamada “Free WIFI Cantillon”. Se conectó a ella. Todo era correcto. Abrió Chromium, su navegador favorito, y accedió a todos sus servicios habituales; LinkedIn, Facebook, Twitter y el correo corporativo de Gmail. Incluso wasapeó con su mujer preguntándole por cómo había pasado la noche. Mientras esperaba revisó los correos donde se describían funcionalmente y técnicamente todas las fases del proyecto. Revisó que la presentación que había preparado fuera la última versión.

Todo estaba en orden para comenzar la reunión más importante de los últimos diez años de su vida profesional.

Los invitados empezaron a llegar a la sala sutilmente acondicionada para la ocasión.

Todo transcurrió de la mejor de las formas imaginadas. En tan solo ocho horas llegaron a un acuerdo multilateral sobre el objetivo y alcance del nuevo proyecto que iban a poner en marcha. Determinaron los métodos para compartir la información poniendo sobre la mesa los próximos pasos, designando a cada actividad un responsable y fecha tentativa de finalización, así como una asignación presupuestaria.

Miguel era el gestor de riesgos del proyecto y de ninguna de las maneras podía imaginarse el alcance de lo que había ocurrido durante la reunión.

Una vez cubiertos todos los puntos del orden del día propuesto, dieron por finalizada la reunión y uno de los invitados, Ban, propuso ir a visitar una fábrica de cerveza centenaria que se encontraba justo en la nave aledaña al local donde se habían reunido. Se llamaba Brasserie-Brouwerij Cantillon y hacían exclusivamente cervezas de fermentación espontánea. Todos disfrutaron de las explicaciones del maestro cervecero sobre los procesos de fabricación y la cata final.

Miguel volvió al hotel a descansar que al día siguiente se tenía que levantar a las cinco de la mañana para volver a casa. Hogar, dulce hogar.