El sector tecnológico, ¿un ejemplo a seguir de modelo de empresa capitalista?


Cuando muchos postulan equivocadamente, como Fukuyama en su “Fin de la Historia” pero al revés, el ocaso del capitalismo, otros vemos que lo que ha caducado es parte del modelo de sistema y de sociedad, y que se han abierto y se siguen abriendo oportunidades para nuestro sistema capitalista, pero de una manera diferente.

Desde posiciones de la izquierda son constantes las referencias al fin del modelo al constatarse que el esquema neoliberal en el que no ha habido casi ningún control sobre las transacciones financieras nos ha llevado al punto en el que estamos.

En un artículo reciente de Zygmund Bauman, va más allá entrando en el esquema empresarial, haciendo referencia al fin del modelo, afirmando que ahora los patronos son necesarios para los empleados, pero que estos no lo son para aquellos. Lógicamente, con esta afirmación el pensador quería reflejar que cada vez tiene menos importancia la mano de obra y que, por tanto, el capital irá a buscarla donde sea más barata, es decir, hablaba de la comoditización de la fuerza laboral, algo que a mi modo de entender es sólo parcialmente cierto.

Me explico: igual que el sector primario a comienzos del siglo XX por un lado sufrió una grave transformación del modelo laboral por la mecanización intensiva de muchas tareas y por otro dejó de ser relevante en el PIB de la mayoría de países “modernos”, el sector industrial a principios de este siglo pierde claramente protagonismo para cederlo definitivamente a nuevos sectores de servicios (tecnología, salud, ocio, etc.). Si bien es cierto que fruto de la globalización dicho sector industrial ha ido progresivamente moviendo sus infraestructuras a los países o regiones donde la mano de obra es más barata, con la siguiente comoditización de dicha fuerza laboral y pérdida de peso por parte de sindicatos, en otros sectores, como es el caso del tecnológico, cada vez se reconoce más el valor del factor humano y por tanto vamos en el camino contrario. En estas empresas, siendo el capital financiero una pieza clave, adquiere mucha más importancia el capital humano; es habitual en nuestro sector que gran parte del equipo perciba una parte importante de las plusvalías generadas.

No es casualidad que muchas empresas tecnológicas, a pesar del difícil momento que estamos atravesando en Occidente, sigan en un momento relativamente dulce; gran parte de los condicionantes internos que agudizan la crisis no se dan en estas empresas, en gran medida como consecuencia del punto anterior, ya que la ausencia de ellos generan empresas más eficientes y competitivas al ser gran parte de sus empleados socios: una cultura del esfuerzo al compartir todos el riesgo y la plusvalía, un mejor clima laboral por la sensación de trabajar en una empresa justa, unos valores muy igualitarios y orientados  reconocer el talento de cada uno…

Por todo ello, pienso que se abre una oportunidad para el sistema capitalista, por lo menos en lo que a modelo de reparto de las plusvalías en las empresas se refiere -no entro en la necesidad de una mayor regulación de los mercados y otros temas macroeconómicos donde está claro que hay un desafío importante-. Pienso que en Occidente, poco a poco, el peso de las empresas de conocimiento será mayor y que, por tanto, ello va a permitir que este modelo de reparto y de colaboración empresarial sea mayoritario y podamos hablar de un nuevo capitalismo más justo en el que se rompa la famosa afirmación de Marx: “El sistema capitalista es fetichista porque recompensa mejor al capital que al trabajo”.

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